Cuento creado para el proyecto un día menos un cuento más

Las aventuras de Miguel

Texto e ilustración de Aida Muñoz, creado para el proyecto Un día menos un Cuento más. En concreto para celebrar el día del libro.

Las aventuras de Miguel

– Abuela, cuentanos otra vez la historia. – dijeron las niñas

– ¿La del 23 de abril? .- replicó su abuela. – ¡Siiiiiiiii!

Todo empezó en Alcalá de Henares. Allí nació Miguel. Era un niño despierto y alegre, pero no era un buen estudiante; pues pasaba la mayor parte del tiempo imaginando historias.

Su familia había decidido que fuera cirujano, como su padre. Pero a Miguel, lo que realmente le gustaba era viajar e inventar historias.

Así que, cuando se hizo mayor dejó sus estudios y se marchó a Roma, Italia. Fue un viaje largo por mar, pero Miguel nunca se aburría, pues inventaba historias y las escribía.

Cuando llegó a Roma, todo le maravillaba: los monumentos, las iglesias con sus vidrieras, las calles y sus gentes. Poco después se hizo amigo de Giulio y juntos compartían muchas aventuras. Tantas que Miguel decidió escribir una historia sobre ellos. Se llamaría El licenciado vidriera.

Pero pronto llamarían a Miguel, pues en España necesitaban soldados. 

Miguel se despidió de su amigo y prometió escribirle a diario, pues todo el mundo sabe que aún no existían los teléfonos.

Al pobre Miguel, lo metieron en un barco y lo mandaron a luchar. Gran mala suerte tuvo que venir en medio de la batalla, le hirieron en la mano izquierda y estuvo mucho tiempo sin poder usarla. 

A raíz de aquello, sus amigos comenzaron a llamarle, Miguel (el manco de Lepanto) Por suerte, pudo volver a usar su mano.

Pero, en medio de la batalla, lo cogieron prisionero y lo metieron en una cárcel de Argel, en África. 

Miguel siempre había querido viajar, pero no de esta manera. Así que, por las noches, miraba por la ventana de su celda e imaginaba las historias que tanto le gustaban. Una de aquellas historias era sobre una pastora inteligente, bondadosa y muy hermosa. La Galatea.

Un buen día, Miguel consiguió escapar de aquella cárcel. Cavó un túnel desde su celda hasta la playa, allí le esperaba un barco español que le llevó hasta su casa.

Pero volver no fue fácil y el muchacho que se había marchado ya era adulto y necesitaba trabajar para conseguir dinero y comida.

Buscando, buscando. Le ofrecieron ser recaudador. El trabajo era sencillo, solo tendría que ir a las casa a recoger el dinero que el rey reclamaba.

El Rey le había encomendado ir desde Madrid hasta Andalucía para recaudar impuestos pero los viajes eran largos, pues Miguel tenía que viajar en caballo y parar varias veces para que su caballo descansara.

Fue entonces cuando comenzó a imaginar la historia de Pedro Cortado y Diego Rincón. Dos muchachos de Toledo que deciden escaparse de casa. Pero, Miguel decidió que sería una buena historia para que las niñas y los niños aprendieran lo que no se debe hacer.

Tanto tiempo pasó Miguel en Andalucía, que el rey se impacientó y mandó a buscarlo. El rey pensaba que Miguel le había robado su dinero así que, enfadadisimo, lo mandó a la cárcel. Miguel no podía ni creerlo. «De nuevo en la cárcel».

Ya sabéis, queridas niñas, que a Miguel le gustaba mucho soñar despierto. Tanto soñó y tanto imaginó, que escribió la historia de un famoso caballero, al que le gustaba mucho leer. Este famoso caballero se llamaba Alonso Quijano. Y por su amada, Dulcinea del Toboso, fue capaz de luchar contra unos molinos convertidos en gigantes, un ejército de ovejas y unos asaltantes de castillos.

Cuando el rey perdonó a Miguel, este ya era casi viejecito. Lo único que deseaba era descansar y escribir sus historias.

Historias como El viaje al Parnaso y La Numancia.

Por esto, hoy, 23 de abril celebramos el día del libro. Para recordar el día que el mayor escritor, Miguel de Cervantes, falleció y nos dejó todas sus obras.

¿Qué te ha parecido la historia? ¿Te ha gustado?

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